El conejito blanco.

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El conejito blanco….

En aquella mañana mi madre trajo a casa un conejito blanco de ojos vivaces como brasas encendidas.

Se lo había regalado una vecina y amiga que los criaba para vender. Luego nos encariñamos. Estábamos juntos a todas horas.

Me recibía en el portal cuando me escuchaba llegar de la escuela y corría hacia mí dando saltitos de alegría, como si fuera mi perrito. Era mi compinche de juerga y cariños.

Un día mi madre me dijo que no me encariñara mucho a él, porqué lo había ganado para cuando tuviera el peso apropiado servirse en una buena comida. Al oír eso, casi me muero. Lloré y supliqué que no lo hiciera, que era mi amiguito, que en la vida me lo comería, que no lo permitiría jamás.

Apenada, mi madre me hizo caso. Al día siguiente volvió con otro conejo para preparar el plato que había planeado. Me invadió la felicidad. Había salvado a mi vivaracho amigo y le pregunté en dónde estaba y porqué no me había recibido como siempre.
– ¡Bueno! – respondió ella – lo he devuelto a la dueña a cambio de éste que ya está con buen peso para cocinar.
Aquello me impactó. A partir de ese día dejé de comer carne de conejo.

 

© M del Carmen B. García.

El miedo a vivir demasiado

El miedo a vivir demasiado

El miedo, ese espectro que te ronda la cabeza por las noches. Ese que te hace perder muchas veces el sueño, el descanso, la confianza en tu lucidez y que en muchas ocasiones incluso pone en duda los criterios de toda una vida. Miedo a morir sin cumplir todo lo que anhelas o peor aún, miedo a vivir demasiado.

El vivir demasiado, el sueño de todos o de muchos, puede al mismo tiempo ser un malogro. Reconozco lo fundamental que es vivir, pero vivir con plenitud, con dignidad, con sueños e ilusiones, con esa gana de seguir adelante a pesar de la inmensa cantidad de tropiezos que das en la vida, de los desasosiegos constantes, de algunos o muchos arrepentimientos, pero siempre con una imprescindible y esencial esperanza.

A partir del momento en que la vida te prive de ese combustible vital, ese refugio trascendental de cualquier ser humano, esas posesiones tan básicas y humanas o en el momento en que ya ni sepas más de lo que se tratan esas ilusiones, definitivamente ya has vivido demasiado.  Has vivido demasiadas alegrías y disgustos, demasiadas ilusiones y desengaños, demasiados sueños inasequibles, pero justo a partir de esa desconexión con una vida plena, dejas ya de existir como alguien, dejas de ser tú y pasas a ser algo.  Es justo ese “algo” que pueda restar de ti, el que me da miedo.

En absoluto sería yo. Sin mis recuerdos, sin mis alegrías, mis memorias, mis angustias, mis sufrimientos diarios, sin mis inquietudes constantes y hasta sin mis miedos. Cuando mis momentos de gloria y mi esencia me hayan sido arrebatados, cuando mi ánima ya haga parte del Universo y mis sueños ya no me pertenezcan, sería algo vacío, un resquicio sería, prácticamente un objeto desechable, y eso sí, da miedo, mucho miedo.

Olvidar quien fui, de las veces que casi me saltó el corazón por la boca, todo lo que vi y lo que viví, lo que olí, lo que sentí, lo que reí y lloré, lo que acepté y rechacé, lo que caminé y retrocedí, olvidar a amigos tan queridos y siempre muy presentes en mi vida. Olvidar los libros, canciones y películas que me hicieron llorar o reír, que calaron hondo, que moldearon mi ser, lo que pienso y soy, olvidar a mis propios hijos y nietos, seres agraciados por su carácter y postura, a mis grandes amores y hasta a los desamores y dolores. Esa no sería yo, en absoluto, ni siquiera una milésima parte de la chispa que me ha acompañado toda la vida, y eso sí me da miedo, mucho miedo…..

M del Carmen B. Garcia

 

 

 

 

 

✔ Algunas cosas que tienes que saber antes de ir a Asturias y juntarte con los asturianos…

✔   Algunas cosas que tienes que saber antes de ir a Asturias y juntarte con los asturianos…

Así que ya sabéis.. jajajaja

TURISMO EN LLANES

Escrito el 6 mayo 2014 por Laura Fernández en Destinos Europa España Asturias – 
asturias

Asturias está al norte, eso te suena. Llueve mucho y, por lo general, se alimentan de fabada y sidra. Bien, no vas tan perdido. Todo eso es verdad, pero aún hay más. Y es que, aunque a desconocidos nos ganan los cántabros, desde la Reconquista parece que no hemos vuelto a hacer nada. Sólo salimos en las noticias por asuntos turbulentos, catástrofes o porque los mineros la están liando parda; y eso cuando salimos. Esto último nos gusta, siempre nos han gustado los follones. Una herencia de nuestra historia, quizá. De ahí a que no nos guste que nos mires con indiferencia.

Aún así, los asturianos somos muy majos y nos llevamos en armonía con todas las comunidades, sin embargo, para los que aún no hayáis puesto un asturiano en vuestra vida, os confesaremos un secreto:…

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